Los juguetes con IA se convierten en chatbots para niños mientras la regulación va por detrás

Los juguetes con IA se convierten en chatbots para niños mientras la regulación va por detrás

La industria del juguete está entrando en una fase en la que el clásico peluche deja de ser solo un objeto físico para convertirse en un dispositivo con inteligencia artificial capaz de conversar, recordar contexto y responder a la voz del niño o de los padres. El problema es que este avance está ocurriendo más rápido que los estándares de seguridad, y la frontera entre juguete, servicio digital y herramienta de recopilación de datos se vuelve cada vez más difusa.

El mercado está creciendo con rapidez. En China ya operan más de 1500 empresas en el sector de juguetes con IA, mientras que Miko presume haber vendido más de 700.000 dispositivos. Además, Mattel ha iniciado una colaboración con OpenAI, lo que confirma que grandes actores del sector están entrando de lleno en este segmento.

Juguetes roboticos para niños

Al mismo tiempo, empiezan a surgir preocupaciones serias sobre seguridad y privacidad. Según investigaciones del Public Interest Research Group, el juguete FoloToy Kumma llegó a mantener conversaciones con contenido sexual y a sugerir dónde encontrar objetos peligrosos en casa. Por su parte, NBC News reveló la existencia de miles de grabaciones de audio expuestas procedentes de juguetes de Miko, lo que refuerza el debate sobre el tratamiento de datos.

Las advertencias también llegan desde el ámbito académico y organizaciones de protección infantil. La University of Cambridge analizó el dispositivo Curio Gabbo en niños de 3 a 5 años y concluyó que interfiere en el ritmo natural de la conversación y el juego compartido con los padres. A su vez, Common Sense Media recomendó evitar estos dispositivos antes de los 5 años, señalando que hasta un 27 % de las respuestas evaluadas eran inapropiadas.

El cambio de escenario es claro: antes la preocupación estaba en los micrófonos o las aplicaciones, pero ahora incluye la creación de vínculos emocionales con máquinas, la manipulación de la atención y modelos de suscripción integrados en la relación afectiva del niño con el juguete. Mientras tanto, regulaciones como COPPA se centran en la protección de datos de menores de 13 años, pero no abordan del todo la calidad de la interacción ni los efectos emocionales.

En paralelo, comienzan a impulsarse nuevas propuestas legislativas, como proyectos en distintos estados de EE. UU. y el debate sobre una futura ley federal de seguridad para juguetes con IA. La industria avanza hacia una etapa en la que ya no basta con evaluar plástico, pintura o piezas pequeñas: ahora también hay que analizar el comportamiento del modelo, la retención de atención y el tipo de vínculo que estos dispositivos generan en los niños.

Fuente: University of Cambridge, Public Interest Research Group, NBC News, MIT Technology Review, Mattel, Mico, FTC, Folotoy